lunes, 23 de septiembre de 2013

21 de septiembre


Pasaste, como una exhalación, tras haber hecho un acto de presencia que a nadie pasó desapercibido.

Esperado y deseado, más cual placer, efímero. Pero intenso.

Y desapareciste una vez más, sin complacencias, sin concesiones, sin despedidas.

Las luces se apagan y las voces se convierten en susurros: La melancolía atrapa el ambiente y la penumbra se adueña del lugar.

Cual suspiro. Shhh...

miércoles, 12 de diciembre de 2012


14-N

       Desperezóse Libertad aquella mañana cuando la luz del astro rey atravesó el ventanal, y escaló desde la solería hasta su almohada. Pero aquel 14-N el sol no salió con intención de calentar un día más de rutina. Aseóse, cortó el ayuno y salió camino al complejo comercial, donde se encontraba su modesta fuente de ingresos de veinte metros cuadrados. Este trayecto que tediosamente hacía a diario, hoy era diferente, y lo encañonaba con la excitación propia de saberse protagonista del cambio. Cuál fue la no grata sorpresa de Libertad al ver que piquetes de esos que se autodenominaban “informativos” la recibieron con contenedores incendiados, cerrándole el único acceso al complejo. El gentío y su bullicio impedían a Libertad hacerse explicar, y las morbosas consignas invitaban a la violencia. En su afán por ganar la entrada, alcanzóle una piedra en la cabeza, cayendo Libertad en el acto... Las pancartas que en el local de veinte metros cuadrados esperaban para ser desplegadas y apoyar la causa no saldrían finalmente aquel 14-N a la calle.

martes, 27 de noviembre de 2012


Agonía

       Siento una presión en el pecho que me impide respirar. Me encoge el corazón hasta producirme náuseas. Vomito repetidas veces. Mi estómago no ofrece ya más que bilis, cuya acidez me produce nuevas náuseas. Apenas me ha dado ese monstruo algo de pan duro desde que me encerró, hace ya..., he perdido la noción del tiempo... Si no tengo escapatoria, que sea rápido, indoloro... No quiero acabar colgado por el cuello como el resto de mis congéneres que aquí agonizan. ¡No!..., ha clavado sus ojos sanguinarios en los míos..., ¡ahí viene!..., se acerca con una maquiavélica sonrisa... Maldita vida perra...


martes, 13 de noviembre de 2012


Por qué


Y es que, ¿qué puedo hacer?

Quizás no esperabas ansiosamente, como me pasaba a mi, una respuesta.

Y ahora, ¿qué? Me cansé de escribirte, no hallaba correspondencia.

Y es extraño, pues siento la necesidad de compartir mis momentos contigo.

Y ahora, ¿qué? Sólo me queda consumirme en mi agonía de deseos no correspondidos.

Y es extraño, porque apenas no conocemos.

miércoles, 17 de octubre de 2012


Engaño


I

Me engañaron, al principio: las miradas furtivas por encima de los libros; el recorrido de tus ojos siguiéndome hasta que me perdía de vista; el nervioso movimiento de tu cuerpo cuando te sabías vigilada.

Me engañaron: las nimias palabras que me dedicabas, que interpretaba erróneamente, pues, ¿para qué ibas a hablarme, si no éramos amigos, si no es porque tenías interés?

Me engañaron: tus sonrisas mirándome a los ojos; tus ojos fijos en mi; la sonoridad del choque de tus labios contra mis mejillas.

Me engañaron, más tarde: que eligieras el asiento de mi lado, y no otro, del anfiteatro; tus invitaciones a café sin motivo; tus manos, jugueteando con cualquier objeto para canalizar la tensión.

Me engañaron: los paseos que compartíamos hasta la esquina, donde cada día nos separábamos, y donde al día siguiente nos reencontraríamos; las conversaciones que seguían en la esquina tras habernos despedido.

Me engañaron, al final: tus deseos de tenerme cerca a deshoras; tus lágrimas, derramadas sobre mis hombros cuando lo necesitabas; y la percepción que hice de la realidad: no ver que simplemente éramos amigos.


II

Y te culpo por ello: por la omisión de explicitud; por el margen que concedías a la interpretación; por la ausencia de negación.

Te culpo: por no haber actuado consecuentemente, y acomodarte en lo que para ti era una amistad; por no haber sido fiel a las normas de la ética y de la moral.


III

Me mataste: cuando tus palabras de hasta pronto, entre lágrimas, prometían traerte de vuelta, y no nos volvimos a ver.

Me mataste: permitiendo que nuestra esquina perdiera la identidad que durante años le dimos, llegando a convertirse en una más del trayecto; tolerando que otra se sentara a mi lado, en tu lugar; y consintiendo que los cafés dejaran de tener razón de ser.

Me mataste: al dejar que fuera el tiempo, y no tú, quien me explicara que yo era prescindible.

Me mataste: con la ausencia de ti.



lunes, 1 de octubre de 2012

A Belén y Manolo, que se han casado en este inicio del otoño de 2012. Felicidades.



Nosotros


Sonrío, al evocar el día en el que apareciste, así, sin más. Lo recuerdo como si no hubiera pasado el tiempo.

Y ahora, míranos, ¿quién nos lo iba a decir?

Entraste en mi vida sin avisar, y te hiciste con ella. Te convertiste en una necesidad. Aunque fue una necesidad recíproca, pues yo también me hice con tu vida.

Hicimos de nuestra existencia una mutua adicción.

Y, desde ese momento, empezamos a crear nuestra propia realidad. Realidad perenne, la que nos empuja hoy a estar aquí.

Pero cuidado, te digo. Seamos prudentes, pues, en ocasiones, me sorprendo gastando tus bromas, y haciendo tus tonterías. Y me gusto, pero a la vez me asusta,
pues puede llegar el momento en el que no me encuentre.

Seamos, como las cuerdas de la guitarra, donde cada una tiene su nota, pero que juntas suenan en armonía.

Por eso, cariño, te digo, que sepamos convivir, más también conservar nuestra identidad.

Y ahora, respóndeme: Qué será de mi, si un día, de repente, desapareces.

Qué será, dime, pues tú eres la causa de mi felicidad.



sábado, 22 de septiembre de 2012


No me odies


No me odies. No lo hagas porque ya no sienta lo que antaño sentía, pues nadie es dueño de sus sentimientos.

No me odies por no haber buscado una casa para los dos, pues nos hubiéramos arrepentido.

No me odies. No lo hagas porque no hayamos tenido nuestros hijos, pues, ¿qué hubiera sido hoy de ellos?

No me odies, porque odiando no te estás respetando.

No me odies. No lo hagas por no firmar hoy lo que otrora sí hubiera hecho: no separarnos jamás.

No me odies porque dejara de quererte.

No me odies. No lo hagas, porque odiar, como siempre dice mi madre, es un lastre.

No me odies, aspiras a algo mejor.

No me odies. No lo hagas, pues vales mucho, y tienes un mundo de posibilidades por descubrir.

No me odies por estas razones que te doy, pues nada se merece que odies.

No me odies. No lo hagas, pues el amor se acabó, y hubiera sido de cobardes, y conformistas, mantener algo muerto.

Además, no seas hipócrita, tú también dejaste de quererme, y de pensar en nuestra casa, y en nuestros hijos.

Y cuando eso pasó, ya no hubieras firmado un amor eterno como otrora sí hubieras hecho, porque el amor se acabó. Y el amor, como los sentimientos, son algo que no podemos controlar.

No me odies. No lo hagas, por favor, porque aunque no hayamos tenido nuestra casa, ni nuestros hijos, ni nos queramos ya, me sigues importando.

Así que no me odies, y sé feliz, pues si tú eres feliz, yo tengo una razón más para serlo.